martes, diciembre 27, 2011

es el amor, estúpido

Quiero estar contigo, quiero abrazarte, una instrucción celeste brusca y perentoria me mantiene alerta a ti, no puedo despegarme ni tu sabor ni la suavidad de tu piel. Se me desborda el deseo, como una tormenta que desatiende mis ejercicios y mis disciplinas, mi boca, mis manos, todo mi cuerpo vibra como una gran guitarra con el solo recuerdo de esa noche tsunami de deseo y abandono. No es mi cabeza, es todo mi cuerpo retumbando inquieto, presto a saltar sobre la presa, gato agazapado que recorre con los ojos cerrados la ruta de una memoria afiebrada. Soy también náufrago que se pierde en un oleaje que va más allá de sus fuerzas y de su orientación, giro confundido entre escombros, arena y algas. Contigo siento que no tengo más voluntad, siento que me pusieron en tu camino y que no puedo huir de este destino lleno de hambres casi imposibles de satisfacer, de deseo que me quema piel, músculo y hueso, que me atraviesa pensamientos y emociones. Cierro los ojos y te veo, abro los ojos y veo que no estás, este pequeño departamento revienta de sal y de viento caliente, yo salgo despedido a través de las paredes desintegrado y empapado de saliva, de sangre y de sabor a sexo y a cigarrillo. No poseo iniciativa propia soy un cuerpo que rueda buscando tu cuerpo en la resaca de esta ola traviesa y poderosa, ¿será el amor que me quiere destruir?, ¿será sólo el deseo, poderosa ilusión, que me mantiene secuestrado bajo tu sombra?. Te deseo, eres la droga que tiñe y modifica la marea de mi sangre. Soy un aviador tragado por la boca invisible del mar, agujero azul y verde, red de peces y algas, perdido, no sabe que fuerza invisible lo está tragando, sólo que es dulce y salada, que es morena y sedosa, que mientras más se tira del anzuelo más se hunde, que la palabra tramposa y tentadora rehúye su salida a escena… ¿será que te amo?, ¿será que estoy condenado a amarte sin remedio y a desearte sin medida, sin portazos ni amenazas?, ¿de qué se trata todo esto deliciosa muñeca morena, mariposa de sal y llamarada nocturna?

lunes, mayo 16, 2011

Derrumbe

¿Cuántas veces?... ¿cuantas horas debo leer tu negativa para que la conformidad ingrese a este fenómeno pensante?, ¿qué más debo hacer para salir de esto y seguir adelante?. La desesperación me ataca con disonancias que me parten los tímpanos. Digamos que debo huir de ti, digamos que no quiero, digamos que mientras más me quedo más me dueles, que mientras más cerca más lejos, que las palabras huyen de mi y me intoxican podridas entre mi pecho y mi cabeza y mi sexo. Puta desdicha, deliciosa miseria que clava su colmillo infeccioso en la herida abierta contaminando todo, tiñendo de negro las aguas, los tejidos, las rocas, los huesos y las sonrisas. Puta ironía, sarcástica guadaña que me clava los dedos y me demuele. Doloroso desamor, doloroso deseo sin eco ni espacio en el que respirar. La rueda de esta máquina atroz gira lentamente sobre mis dedos, triturando mi pelvis, mi nariz y mi cráneo, recordándome que soy apenas un puñado de arena y grasa en la berma de un camino cerrado, soy la pregunta que no se formula, soy un saco lleno de los escombros de lo que pudo haber sido un hombre, de no haber mediado tu silencio, tu otro mundo y mi torpeza infinita.

jueves, mayo 05, 2011

Canción de amor

Como voy a estar molesto, como voy a dejar que me atrape la amargura si debajo de todo asoma tu duende. El problema es otro, mi amor, el problema es cómo voy a vivir ahora sin este aire tibio que se me impregna y se mete por mi piel y mi sangre.
Me escondo pero no sirve, camino y no sirve, duermo y no sirve, no hay dónde huir, ya no hay como esconderme del tsunami que me persigue, desde hace un tiempo ya que el terremoto viene acumulando su fuerza ciega entre mis costillas, en mi cabeza y me asusta, parece querer quedarse abandonándome a mi inexistente capacidad de soportarlo.
Tu inocente complicidad me acorrala y no hay argumento realmente bueno que me rescate de este deseo, este vacío en el que se consume mi hambre y este tierno y resignado deseo.
En medio de estos días, buscando la paz que me rehúye, dejo caer los brazos rendido y dejo que la ola me abofetee.
Que no me quieras con la misma convicción con que yo no quiero quererte trastorna mi sentido del deber y mi sentido del orden.
¿De qué mierda se trata esto?
Mis horas te buscan, maldición, dulce y maravillosa maldición. Soy el fantasma que huye de sus sentimientos y no quiere huir de ti. Soy el que te espera en el frío de la tarde para ceñirte con un lazo invisible, el abrazo que no desea terminarse, el que cierra los ojos para verte mejor.
Y no entiendo por qué cada decisión me acerca un poco más a ti, por qué algo en mí busca tan porfiadamente la huella que descarrila contra tu camino, por qué en lo invisible mi ángel ronda y respira en torno tuyo y desea entrar en tu atmósfera y quedarse ahí, no sé sabe por cuanto tiempo, quizás sólo el suficiente para poder verte bien, de cerca, y luego aprender a vivir sin ti, para abrir los ojos y poder agradecer el milagro sin derrumbarse.
Porque ya no sé querer quererte, congelado espero que la ola pase sobre mí para luego abrir los ojos e ir leyendo las instrucciones de este manual de supervivencia, en el que he escrito que debo martillar y martillar hasta desintegrarlo a este amigo que quiere y no quiere quererte un poco más que solamente quererte, y cuyo desborde está arribando sin pausas al límite mismo de la palabra imposible.

Mi corazón está cautivo en tu órbita.

martes, diciembre 21, 2010

Amor

Es duro que las cosas regresen así
Irónica risa del otro lado de la ternura
Amar casi al borde de la amargura, sometido
A mis carencias, esta biografía precaria que me abofetea
Sin que haya mayor sentido en lo que me atraviesa
Tan inútil como tantos de mis movimientos y mis palabras
En realidad como cada intento de salir de la bruma
Es duro pensar que estás acá y que mi alma está contaminada
De tu hermoso estar presente
No soy de tu país ni estoy en ninguno de tus mapas
Da nauseas aceptarlo, pero aun al verte,
Me acaricia la alegría de saber
Que existes
Aunque no hayas sido para mí, aunque sólo hayas sido
Un largo paseo por la tarde, bajo el cielo enrarecido de esta ciudad
Quererte sin entrar en tu espacio ha sido un regalo amargo
Negarme al amor, negarme a sentir
Y saber que no puedo ha sido la curiosa paradoja
De estos últimos años. Resignado veo pasar
Las tormentas y los resfriados, los llantos y los errores
Las vergüenzas y las torpezas
Sólo que al verte siento que el universo se abre y las palabras
Que sobran me inundan, como aluvión de piedras y barro
Me siento indefenso y no puedo evitar, una vez más
Aceptar que hoy, a esta hora de la tarde, a pesar de todo
De mis dolores y mi vacío, a pesar de ti y tu país de embrujos y fiestas largas
Tu presencia, tu dulce y hermosa presencia me doblegan
Me hacen, sin más, amarte, amarte, amarte, amarte

miércoles, abril 15, 2009

La que nunca existió

Hay cosas que es mejor callar, no por no saber cómo decirlas o porque el lenguaje se quede corto, sino más bien por lo fácil que es engañar y engañarse melancólicamente. Paso revista a estos textos de hace años y siento cómo la marea vuelve diferente y llena de tristezas. Como si verte desnuda fuese más bien un signo de mi fracaso. Como si al recordar tu cuerpo y nuestros abrazos mojados hoy pudiese hacer algo por rescatarme a esta trágica melancolía en que no hay pornografía que me salve. He visto tu sombra en tantas mujeres y he recibido tantas ofrendas equivocadas que no puedo sino tildarme de un imbécil romántico de mierda. Puede que no tener sexo por más de un mes me haga volverme alguien cada vez más rabioso, puede ser que el desamor me seque y me hiera. Puede ser que no estoy hecho para la jaula, puede ser que nunca estuviste, nunca fuiste ni exististe para mí y mientras lo escribo me doy cuenta que quizás no estás en ningún lugar, así como yo tampoco estoy en la agenda de ninguna como tú, a la que le he escrito todo lo que he escrito. Deseo saber si alguna vez me tope contigo y sencillamente no fue posible cerrar la puerta por dentro, ver el bosque en el contorno de tu sonrisa. Deseo saber si esta charla ciega, sorda, monologal alguna vez tuvo espacio en tu camino, si existió ese camino, si desnudando nuestras vidas hubiésemos llegado a la desnudez del cuerpo y del alma. Si la trampa del sexo, del deseo, de la saliva, el semen y el sudor no era más que otro lenguaje de lo que hubiésemos podido hacer juntos, si hubieras sonreído en mitad de un orgasmo, si hubieras detenido un segundo tu vida para decirme que estabas agradecida de haberme encontrado, de que yo también haya existido, Desearía saber si alguna vez habitaste entre mis brazos, si alguna vez toque tu piel, si incluso pude haber compartido mis hijos contigo. ¿Existes, exististe? La sospecha de que estoy llegando a la costa y de que es inútil intentar seguir a menos que me pierda en el mar es terrible. Desnudo, con el pene fláccido, con los dedos morados de frío, con la cara agrietada de andar bajo un sol inclemente, con una foto tuya en la que no reconozco tu rostro, con mi mochila llena de lo que no soy, de lo que no deseo ser más. Mi única certeza es mi soledad. Te cobro no existir. Te cobro la certeza de que todo este tiempo me equivoqué de hambre, de que si pasaste por mi vida no te supe ver a tiempo, o de que tal vez no es esta vida la vida para hallarte. Preguntas y declaraciones sin sentido, que ha sido dulce desoír mientras no ha faltado el abrazo caluroso de algún cuerpo disponible, mientras he creído adivinarte entre sábanas manchadas, en besos frenéticos y en caricias hirientes. Mi hambre me devora y siento estar quedando vacío, reseco y agónico tan sólo al pensar que no era este el tiempo de hallarte y sentir al fin, mierda, de una buena vez que podíamos calzar. Piezas extraviadas de un rompecabezas de sensualidades, sexualidades, diálogos y juegos. Deseo tener la oportunidad de hallarte alguna vez y decirte lo mucho que te hubiese amado si hubiéramos existido en el mismo universo, en la misma cama, en el mismo tiempo. Mi cuerpo desnudo no desea ahora la sagrada cabalgata, desea lo que debiera haber sido antes y después: una tierna conversación de almas que buscan consuelo, perdón, reconocimiento, comedia y placer.
Te escribo esto porque tengo miedo de nunca haber llegado a conocerte y de haber estafado a todas las mujeres que me amaron o desearon. Te escribo porque estoy extraviado y no quiero ya mirar más el mapa, ni el horizonte, ni mis recuerdos. Duelen.

jueves, junio 22, 2006

Frio

Uno puede empezar por recordar como las manos se empezaban a calentar en contacto con la piel, bajo la ropa, entre las piernas, entre las nalgas, tus nalgas. Como un dedo era una sorpresa helada cogiendo el ansioso trozo de carne inflada dentro de mi pantalón. Tus manos, tus pies helados exigían chimeneas y estufas, salamandras al rojo y humildes mecheros a parafina, a pesar de que los latidos, las respiraciones húmedas y calientes no tardaban en aportar lo necesario para el olvido, la amnesia y el instinto.
Una habitación bien caliente y tus piernas finas bien abiertas, de que otra forma podría describirse mi inmersión devota y furiosa en tus olores asustados del frio, había que allegarse al fuego, besarse quemándose el culo, arrodillarse en la luz naranja que titilaba tus labios mojados abiertos, lamiéndose el salado dulce de invierno que te ofrecía.
Uno puede empezar recordando una lengua dormida entre tus piernas y los dedos fríos, porfiados, intentando calentarse a pura sangre.

jueves, junio 15, 2006

Ya no

Esta es para ti. Porque ya no me enamoro más, porque después de acariciar desde lejos, en mi cabeza descompuesta, la forma delicada de tu espalda, el calor suave de tus dedos intrusos que se pasean por mis manos, ya no me enamoro más. Después de orgasmos y quejidos, no se donde deseo estar. Y no eres tú. No entiendo las exigencias del deseo, no entiendo que un hombre cualquiera abandone una mujer cualquiera por el suave y excitante sexo de otra, por un culo o una chupada gloriosa.
Sencillamente no quiero ir a ningún lugar que no sea el dulce abandono del sexo consumado. Mira, estoy en mi oficina, solo oyendo una de Lennon y no hay deseo, no hay más que frío y ruido de autos. Hoy te sentaste frente a mi, toda hermosa y sonriente, y nada. No deseo nada. Anteayer me hablaste con una mano sobre mi pecho y nada. Quizás me gustas y quizás ciertos días te desee, pero amor, no hay amor. Quizás nunca hubo más que una absurda calentura. Porque la piel asomada de tu cintura o tus manos finas, tu espalda subiendo la escala eran fotográficas.
Yo no soy más que esta fría estatua de semen que se deshace bajo la lluvia negra de Satiago. No puedo ni se enamorarme. Otra cosa es este pene que duerme, no hay otra cosa que ofrecerte. Ya no.